La farmacia hospitalaria que hoy forma residentes es mucho más amplia, clínica y compleja que la que existía cuando se aprobó el programa oficial de la especialidad (POE)1 en 1999. Sobre las bases consolidadas por generaciones anteriores en el uso seguro y eficiente del medicamento, la elaboración, la selección, la información farmacoterapéutica, la docencia y la investigación, la especialidad ha ampliado su presencia en la toma de decisiones terapéuticas, los equipos multidisciplinares, la medicina personalizada, las terapias avanzadas, la salud digital y la continuidad asistencial2,3. Esta evolución ha enriquecido la profesión, pero plantea una pregunta central: ¿cómo formar de manera homogénea, progresiva y evaluable a los residentes que deberán ejercer en esta realidad profesional?
El POE es el marco común que establece las bases de la formación de los farmacéuticos internos residentes. Como en el resto de las especialidades de ciencias de la salud, su aplicación se desarrolla en cada unidad docente mediante una guía o itinerario formativo tipo, aprobado por la comisión de docencia y adaptado a las características del centro4, lo que ha permitido acercar la residencia a la práctica real de la farmacia hospitalaria. Sin embargo, más de 25 años después, la complejidad de la especialidad exige referencias comunes que ayuden a ordenar, actualizar y evaluar la formación de forma homogénea.
Esta necesidad se hizo especialmente visible con la publicación del Mapa de las rotaciones de los farmacéuticos internos residentes de farmacia hospitalaria en España, elaborado por el Grupo de Trabajo de Tutores de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) en 20255. Sus resultados mostraron una organización heterogénea de las rotaciones, con diferencias entre los servicios de farmacia en el momento de realización, la duración, la modalidad y los contenidos. Pero, sobre todo, evidenciaron que el 93,3% de los hospitales incluía rotaciones no contempladas en el programa nacional vigente. Este dato muestra una especialidad que ha seguido formando para la práctica real, pero también confirma la necesidad de referentes comunes. La cuestión no es negar la diversidad entre centros, sino evitar que se traduzca en diferencias relevantes en las oportunidades formativas de los residentes.
A esta necesidad responden los «itinerarios formativos» publicados por el Grupo de Tutores de la SEFH, elaborados en colaboración con distintos grupos de trabajo y expertos de la sociedad científica6. No sustituyen al POE ni a los itinerarios formativos propios de cada unidad docente; los complementan desde una perspectiva práctica. Su aportación consiste en ordenar cada área de formación en torno a competencias, actividades, niveles de responsabilidad y herramientas de evaluación, con el fin de facilitar una formación más homogénea, progresiva y alineada con la farmacia hospitalaria actual.
El cambio es más profundo de lo que parece. Durante mucho tiempo, la residencia se ha explicado fundamentalmente como una sucesión de rotaciones: dónde rota el residente, cuánto tiempo permanece en cada área y en qué año se organiza cada periodo formativo. Ese enfoque sigue siendo necesario, pero ya no es suficiente. La pregunta central no debería ser solo por dónde debe pasar un residente, sino qué conocimientos debe adquirir, qué habilidades debe desarrollar, qué actitudes profesionales debe incorporar y con qué grado de autonomía, en qué contextos y con qué responsabilidad profesional7.
No se trata de una preocupación exclusiva de la farmacia hospitalaria. La formación sanitaria especializada avanza hacia modelos que no solo describen contenidos, sino que definen el desempeño profesional esperado8. La literatura internacional ha mostrado que los marcos competenciales ayudan a establecer estándares de práctica, identificar necesidades formativas, orientar actividades de aprendizaje y evaluar el desempeño9. En nuestro contexto, su valor es especialmente oportuno: obligan a formular una pregunta que va más allá de la organización de las rotaciones: ¿qué especialista queremos formar y cómo sabemos que avanza hacia ese perfil?
Los «itinerarios formativos» del grupo de tutores trasladan este enfoque a una herramienta práctica: competencias concretas, actividades recomendadas, niveles de supervisión y herramientas de evaluación7. Ayudan al tutor a planificar, al colaborador docente a supervisar y al residente a comprender qué se espera de él. Al ofrecer una referencia común, aportan claridad al proceso formativo y permiten enseñar con mayor precisión, evaluar con mayor objetividad y mejorar de forma continua.
Su valor está en ordenar sin encorsetar. Cada hospital tiene una cartera de servicios, recursos, prioridades y oportunidades docentes diferentes10. Esa singularidad forma parte de la riqueza de la farmacia hospitalaria y debe preservarse. Para ello, los itinerarios distinguen entre competencias básicas y avanzadas, lo que permite definir un núcleo formativo compartido y reconocer distintos niveles de profundización según las posibilidades de cada centro y el momento formativo del residente. De este modo, ofrecen una estructura clara para orientar la formación y flexible para adaptarse a la realidad de cada unidad docente.
Los itinerarios desarrollados permiten reconocer la amplitud de la farmacia hospitalaria actual sin perder de vista las áreas que han construido la identidad de la especialidad. La farmacotecnia, la nutrición clínica, la seguridad clínica, la evaluación y selección de medicamentos y los ensayos clínicos, entre otras áreas, forman parte de esa base profesional y ya estaban recogidas en el POE. Su desarrollo mediante itinerarios no pretende descubrirlas, sino actualizarlas, ordenarlas y hacerlas evaluables conforme a la práctica actual.
En el ámbito clínico, itinerarios como los de urgencias, paciente crítico, paciente quirúrgico, oncología y hematología, trasplante de órganos sólidos, neuropsiquiatría o paciente crónico complejo responden a la presencia creciente del farmacéutico hospitalario en unidades y equipos asistenciales. Esta incorporación exige algo más que conocimiento de la farmacoterapia o de las enfermedades: requiere trabajar con otros profesionales, plantear recomendaciones de forma efectiva, priorizar problemas, manejar información incompleta, monitorizar resultados, garantizar la continuidad asistencial y comprometerse con los resultados del paciente11. La residencia debe preparar al futuro especialista para ejercer con solvencia en estos escenarios12. Por eso, estos itinerarios ayudan a definir qué competencias clínicas, comunicativas y organizativas debe adquirir el residente, qué actividades pueden favorecerlas y qué responsabilidad puede asumir de forma progresiva.
También hay itinerarios que recogen campos cuya relevancia ha crecido de forma notable en los últimos años. Es el caso de la farmacoterapia personalizada, que incorpora la monitorización farmacocinética y la farmacogenética clínica como herramientas para optimizar la farmacoterapia individualizada, o de los medicamentos de terapia avanzada, que exigen competencias en acceso, financiación, logística, manipulación, producción, bioseguridad, trazabilidad, seguimiento farmacoterapéutico, investigación y calidad. Su desarrollo como itinerarios formativos permite integrar estos avances en la formación del residente de forma estructurada, evitando que queden como conocimientos aislados.
Junto a ellos, los itinerarios de investigación, competencias digitales y bioética refuerzan dimensiones transversales imprescindibles. El primero ordena competencias vinculadas a la generación de conocimiento, desde la identificación de preguntas relevantes hasta el diseño metodológico, la gestión del proyecto, el análisis de datos, la interpretación de resultados y la divulgación científica. El segundo introduce la salud digital e incluye competencias relacionadas con la alfabetización digital, la gestión de información científico-sanitaria, la comunicación sanitaria 2.0, la creación de contenido, el trabajo colaborativo en red, el análisis de datos y la participación en proyectos de salud digital. El itinerario de bioética incorpora la reflexión ética como parte inseparable de la toma de decisiones clínicas, organizativas y profesionales. En conjunto, estos itinerarios muestran una especialidad que participa en procesos clínicos, organizativos, éticos, tecnológicos y científicos cada vez más complejos.
Este enfoque resulta especialmente relevante en un sistema sanitario cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo. La residencia no puede limitarse a transmitir modelos de práctica consolidados, sino que debe formar especialistas capaces de responder a problemas no definidos, interpretar información cambiante, adaptarse a tecnologías emergentes, trabajar en equipos interprofesionales y tomar decisiones responsables en contextos de presión asistencial, incertidumbre científica y recursos limitados13.
El desafío, además, no afecta solo al residente. Incorporar nuevas competencias exige también acompañar a tutores y colaboradores docentes14. No siempre es sencillo enseñar o evaluar ámbitos que están evolucionando al mismo tiempo que se implantan en la práctica15. Un itinerario formativo no sustituye al tutor, pero puede ofrecerle una estructura para enseñar mejor y proporcionar al residente una referencia para aprender con mayor autonomía.
La publicación de los itinerarios formativos no cierra una etapa, sino que la abre. El reto ya no es solo definir competencias, sino incorporarlas de forma real a los planes docentes, utilizarlas para orientar la supervisión, evaluar su utilidad y actualizarlas conforme avance la especialidad. La farmacia hospitalaria del futuro necesitará profesionales clínicos, críticos, digitales, investigadores, docentes, comunicadores y capaces de liderar cambios en entornos complejos3. Formar a esos especialistas no puede limitarse únicamente a la acumulación de rotaciones ni a la buena voluntad de cada unidad docente; requiere propósito, método y una visión compartida. Requiere también un POE actualizado, capaz de reconocer a la farmacia hospitalaria que ya existe y de orientar la que seguirá construyéndose en los próximos años.
Los itinerarios formativos son precisamente eso: una propuesta compartida para formar mejor. No sustituyen la necesaria actualización del programa oficial; la anticipan, la ordenan y muestran que la especialidad está preparada para afrontarla.
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FinanciaciónLos autores declaran no haber recibido ninguna financiación.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Declaración de contribución de autoría CRediTCovadonga Pérez Menéndez Conde: Writing – review & editing, Writing – original draft, Validation, Project administration, Conceptualization. Eva Negro-Vega: Writing – review & editing, Writing – original draft, Conceptualization.



